Experiencias de compostaje comunitario en el Estado español

Municipios de Cataluña, Navarra y País Vasco gestionan de forma limpia sus residuos.

Beatriz Martín y Raúl Urquiaga [1]. Revista El Ecologista nº 88.

El compostaje comunitario es un sistema de tratamiento de residuos que implica la participación ciudadana en la gestión de los residuos orgánicos y reporta amplios beneficios ambientales, sociales y económicos. Numerosas experiencias municipales y ciudadanas vienen desarrollándose en nuestro país desde hace sólo diez años. Algunas de ellas son iniciativas exitosas y merecen ser tenidas en cuenta por las administraciones en la gestión de residuos.

El compostaje comunitario puede definirse como un sistema de tratamiento centralizado de los residuos orgánicos (biorresiduos) de un colectivo o comunidad, que tiene un grado de participación e implicación directa en el proceso de compostaje que se está realizando. Frente al compostaje doméstico, la diferencia está en el carácter colectivo de la participación, y respecto a los sistemas en plantas de compostaje, la diferencia radica en el grado de participación. Aunque la mayor parte de las iniciativas de compostaje comunitario tienen un fuerte componente educativo y de concienciación, el fin último está en la reducción y transformación de los restos orgánicos. Este elemento lo diferencia también de otros compostajes colectivos como el que se lleva a cabo en centros escolares.

Desde hace varias décadas, el compostaje comunitario es una realidad en el tratamiento de los biorresiduos en muchas localidades europeas y norteamericanas. Sin embargo, en nuestro país no aparecen las primeras experiencias consolidadas a nivel municipal hasta hace 10 años. Y es en los últimos cinco y seis años cuando empiezan a extenderse estas iniciativas a varias localidades, en distintas comunidades autónomas.

Según los datos de la Red de Entidades Locales por el Compostaje Doméstico y Comunitario (Composta en Red) [2], en 2012 existían 115 municipios con experiencias de compostaje doméstico, agrupados en siete comunidades autónomas (Cataluña, Navarra, País Vasco, Andalucía, Asturias, Madrid y Galicia). Sin embargo, la mayor parte de estas experiencias no pasaban de ser meras iniciativas con un objetivo educativo y con unos destinatarios potenciales muy reducidos. En varios casos, estos proyectos han desaparecido al no existir continuidad presupuestaria de las entidades locales promotoras.

No obstante, sí existen entidades locales que consideran el compostaje comunitario como un elemento principal en la gestión global de los residuos municipales, y llegan incluso a ser, junto al compostaje doméstico, la única forma de tratamiento de los biorresiduos (sobre todo en comarcas rurales de Cataluña).

Los resultados obtenidos en estas comarcas catalanas, y en otros proyectos realizados en Navarra y País Vasco, deben ser un acicate para que desde las administraciones locales, sobre todo en medios rurales, utilicen este sistema de reducción y tratamiento como elemento principal del sistema de gestión municipal de residuos. Son interesantes también, por su importancia simbólica (aunque todavía se están iniciando), tres experiencias que se están llevando a cabo en Madrid: una de iniciativa municipal en el barrio de Hortaleza, otra mixta entre el Ayuntamiento y el colectivo Madrid Agroecológico y otra ciudadana en el barrio de La Latina, en el huerto comunitario de La Cornisa.

Tipologías de compostaje comunitario

Los proyectos de compostaje comunitario en el Estado español, dependiendo de la entidad promotora, son de iniciativa particular, de un grupo de personas interesadas en reducir residuos, o de iniciativa institucional, normalmente dependiente de un Ayuntamiento o una Mancomunidad.

También podemos diferenciar las experiencias en función del lugar donde se desarrolla el proceso de compostaje, relacionado con la cantidad de residuos a tratar. Cuando el volumen no es muy grande (compostaje en un barrio, una comunidad de vecinos o un colectivo), se realiza en las llamadas áreas de compostaje comunitario (zonas donde se encuentran todos los elementos necesarios para el proceso de compostaje) y está bajo la supervisión de uno o varios responsables, que son los llamados master composter.

El master composter es una figura muy frecuente en proyectos de localidades centroeuropeas, en las que una persona voluntaria, con experiencia, se encarga de la supervisión y manejo del área de compostaje. En los proyectos de ámbito municipal, lo más frecuente es que la supervisión del área la realice una persona o servicio contratado, por la entidad local (como en el caso de Elburgo, en Álava, Comarca del Berguedá, en Barcelona, o los proyectos financiados por Cogersa en Asturias). También pueden ser supervisados por la propia comunidad de vecinos, como ocurre en San Sebastián de los Reyes, Madrid. Además, existen en nuestro país experiencias institucionales en las que el master composter es un voluntario, como ocurre en algunos municipios de Pamplona o en la localidad de Usúrbil (Guipúzcoa). En los proyectos llevados a cabo por colectivos no institucionales esta figura suele ser asumida por un voluntario.

En las áreas de compostaje comunitario encontramos tanto zonas de acopio de materia orgánica fresca, donde los participantes depositan sus biorresiduos, como lugares donde se acumula la materia seca, más o menos triturada. Suelen encontrarse también otros elementos como carteles explicativos e incluso una pequeña caseta para guardar las herramientas, etc. Los aportes de material seco (podas, hojas secas...) suelen ser depositados por personal municipal o bien por los master composter en proyectos no institucionales.

Las áreas de compostaje pueden estar abiertas a cualquier persona. En municipios en los que se hace compostaje comunitario por barrios o en huertos comunitarios, todos los vecinos tienen acceso. O bien, estas zonas sólo están abiertas a los participantes del proyecto y el acceso se limita a través de candados u otros métodos. La ubicación de las áreas de compostaje puede situarse en espacios sin uso (solares, descampados, las “afueras” de la localidad, etc.), pero siempre cerca de los domicilios de la vecindad. En otros casos, el área se encuentra en los mismos puntos en los que se encuentra el resto de los contenedores. También, las áreas de compostaje se pueden encontrar en otro tipo de instalaciones como puntos limpios (es el caso de Ojígares, Granada), en jardines, huertos comunitarios, etc.

Centros de compostaje comunitario

Cuando el compostaje se realiza en pequeñas poblaciones en las que se ha establecido un sistema de recogida separada de bioresiduos, en vez de áreas de compostaje, podemos encontrar centros de compostaje. En estos sistemas, la participación ciudadana es menor, porque aunque se encargan de separar la fracción orgánica del residuo, no necesitan acercarla hasta el mismo centro de compostaje, la depositan en contenedores que la entidad local se encarga de trasladar.

Aunque existen experiencias muy interesantes sobre los resultados del porcentaje de biorresiduos tratados, éste es un modelo a medio camino entre el compostaje comunitario y el compostaje en planta.

Un ejemplo destacado es el de Boadella i les Escaules, en Girona. Un municipio con una población de 241 habitantes, en el que se gestiona la materia orgánica a través de un centro de compostaje municipal. La materia orgánica se recoge de manera selectiva en contenedores que se llevan a una pequeña planta, en la que los técnicos del municipio realizan todas las tareas de compostaje. Los vecinos han sido formados en un taller informativo y se ha distribuido en todas las casas un kit con un cubo, bolsas compostables y una pegatina con información. Además se hacen frecuentes visitas a la planta. De esta forma, la materia orgánica de los vecinos, junto con las podas del municipio, se convierten en compost de alta calidad que se emplea en jardines y también se vende.

Hacia la gestión del 100% de los biorresiduos

Los proyectos de compostaje comunitario más interesantes son aquellos que son capaces de gestionar la mayor parte de la materia orgánica generada en el municipio, ya que consiguen que ésta no vaya a sus destinos habituales: el vertedero o la incineradora. Estas políticas pueden considerarse de prevención, ya que los biorresiduos no llegan a serlo al no depositarse en los contenedores de basura. En otros casos, se consideran políticas de reciclaje, lo que les da un marco legal distinto, y hace que su desarrollo sea más complejo, porque necesitan autorizaciones administrativas. Estos conceptos, deben ser clarificados por la Administración.

Otro ejemplo es el proyecto del Consell Comarcal del Berguedá, en Barcelona, donde un grupo de municipios cuenta con el compostaje comunitario (junto con el doméstico) como única forma de gestión de los residuos orgánicos. El Consell ubicó los compostadores comunitarios en los puntos de acopio de los demás residuos e informó del proyecto a todos los vecinos a través de reuniones y de un punto de información continuo en el mercado semanal de cada población. El primer año el mantenimiento y seguimiento lo hizo una empresa, aunque después fueron los propios técnicos municipales los que se encargaron.

El compostaje comunitario en Cataluña, sobre todo en zonas rurales, forma parte del sistema de tratamiento de los residuos orgánicos. En estos ámbitos rurales, el compostaje comunitario junto con el compostaje doméstico es una de las formas de gestionar los residuos orgánicos generados por lo que su importancia es notable. En 2012 se realizó compostaje comunitario en 77 localidades. En Navarra también se está haciendo un esfuerzo por incorporar el compostaje comunitario en la gestión regular de los residuos.

En el caso de Elburgo, municipio pionero en el compostaje comunitario, con diez años de funcionamiento, participa el 30% de la población, además de los vecinos que tienen compostador particular (promocionado por el Ayuntamiento). En este municipio se ha conseguido una reducción considerable de contenedores de biorresiduos y de los costes municipales en la gestión.

En definitiva, el compostaje comunitario es una realidad en algunas localidad de nuestro país. Existen experiencias exitosas suficientes como para que desde las administraciones locales y autonómicas se fomente este tipo de tratamiento de los biorresiduos, con grandes beneficios tanto a nivel ambiental, social como económico. Aunque parece que la implantación de nuevas iniciativas es positiva, haría falta un plan a nivel estatal que superara el localismo actual y una implicación seria, con voluntad y recursos sostenidos, de todas las administraciones, que superara el carácter anecdótico del compostaje comunitario.




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