Espacios públicos sin glifosato

La movilización social frena el uso del herbicida.

Mireia Llorente. Área de Agroecología, Soberanía Alimentaria y Mundo Rural de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 90.

Las evidencias sobre los daños para la salud de los herbicidas hacen necesaria una gestión de los espacios públicos libre de estos tóxicos. Movimientos ciudadanos consiguen su prohibición decenas de municipios.

El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo. Bajo distintas marcas, el 90% de los herbicidas lo contienen. En España, no sólo se utiliza masivamente en agricultura y jardinería sino, de forma normalizada, en la gestión de espacios públicos tales como parques y jardines, solares, aceras, infraestructuras de transportes y cunetas.

En marzo de 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó el glifosato como materia activa “probablemente cancerígena” tras la publicación por parte de la Agencia de Investigación sobre el Cáncer (IACR por sus siglas en inglés) de un amplio estudio que demuestra que esta sustancia favorece la aparición del linfoma No-Hodgkin en seres humanos y causa daños en el ADN. En concreto, los estudios publicados por 17 expertos señalan la relación de esta sustancia con cuatro tipos de cáncer: hepático, riñón, páncreas y linfoma. Además el glifosato está vinculado con otros efectos como los reproductivos y provoca mayor frecuencia de abortos y defectos de nacimiento, neurológicos con una mayor frecuencia de parkinson, y hormonales, provocando alteraciones endocrinas, entre otros efectos en la salud.

Ciudadanía en movimiento

El anuncio por parte de la OMS sucedió justo cuando la Unión Europea estaba evaluando la reautorización del glifosato por quince años más. En respuesta, se consolidaron potentes campañas contra el herbicida en distintos países europeos. Las campañas se han dirigido a sensibilizar e informar a la población sobre los riesgos del glifosato y sobre las alternativas a su uso pero también a presionar a los gobiernos respecto a su posicionamiento ante la reautorización.

Gracias a estos movimientos ciudadanos se logró una falta de apoyo por parte de los países miembros a la propuesta de reautorización del herbicida, a pesar de la fuerte presión ejercida por el lobby de empresas comercializadoras encabezado por Monsanto.

Ante la imposibilidad de alcanzar un consenso para la volver a dar vía libre al herbicida, la Comisión Europea ha optado por una “extensión técnica” de 18 meses del permiso de uso de glifosato, condicionado a la evaluación que realice la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA, por sus siglas en inglés), a finales de 2017. Esta extensión técnica va acompañada de algunas recomendaciones, entre las que figura la minimización de su uso en zonas como parques públicos y áreas de juego aunque no prohíbe su uso.

Entre las acciones que contribuyeron a frenar la reautorización del herbicida quince años más, ha jugado un interesante papel la campaña de mociones contra el uso de glifosato en espacios públicos emprendida por Ecologistas en Acción. A día de hoy 140 administraciones (entre municipios, diputaciones y gobiernos autonómicos) se han comprometido a gestionar sus espacios públicos sin glifosato aprobando mociones que, en muchos casos, incluyen medidas más ambiciosas como campañas de sensibilización dirigidas al uso privado y reflejo, en el pliego de prescripciones técnicas para la contratación de los servicios de mantenimiento de los espacios públicos, de otras restricciones en el uso de fitosanitarios.

¿Por qué hay que gestionar la vegetación?

Hablamos popularmente de “mala hierba” o maleza, al referirnos a las plantas que crecen en lugares no deseados y que además su presencia puede representar algún tipo de perjuicio.

En las infraestructuras públicas, los perjuicios asociados a la presencia de malezas y también los asociados a la aplicación de herbicidas, son diferentes que en el contexto agrario y, por tanto, la gestión debe abordarse desde una perspectiva distinta. En concreto, en el contexto agrario, el control de maleza suele corresponder al perjuicio económico que éstas puedan ocasionar por competencia con el cultivo de interés. En el medio urbano, sin embargo, este perjuicio además suele responder a una concepción estética, a la necesidad de mejorar la visibilidad, a disminuir el riesgo de incendio o al control de insectos asociados a masas vegetales.

Ni que decir tiene que estas cuestiones son en gran medida culturales y subjetivas y, si bien hace años se valoraba muy positivamente la presencia de vegetación y la protección de los suelos con cubiertas verdes, en los últimos años, con la proliferación del uso de herbicidas, la percepción de que un suelo estéril es un espacio limpio se ha generalizado. A día de hoy multitud de cunetas, solares y espacios urbanos muestran suelos yermos y compactados, incapaces de sostener vida y probablemente con altos contenidos en herbicidas.

Recuperar la percepción de las coberturas vegetales y la presencia de vida como riqueza es uno de los retos que debemos abordar y, desde esta mirada, podremos proponer alternativas interesantes al uso masivo de herbicidas. Son múltiples los estudios que señalan que la presencia de vegetación y de biodiversidad mejora la calidad de vida de las personas.

No son malas hierbas

Valorar los aspectos positivos de las ’no tan malas hierbas’ puede ser un buen punto de partida. Por una parte, el nacimiento de hierbas es indicador de que el suelo está vivo y no contiene venenos. Además, la vegetación que generan ayuda a equilibrar y descontaminar el aire y el agua. También las hierbas protegen el suelo, evitan la compactación, mejoran la retención de agua y regulan la temperatura y son abono verde gratuito. Por tanto, la presencia de las ’malas hierbas ayuda a mejorar la fertilidad del suelo a la vez que se reduce el uso de fertilizantes.

Otra cualidad de esas conocidas como ’malas hierbas’ es que pueden generar cubiertas vegetales muy bien adaptadas al medio y con un crecimiento rápido a partir de las hierbas espontáneas. Y lo que es más importante, esas cubiertas vegetales son imprescindibles para sostener vida, cuya presencia es interesante también en el medio urbano para mariposas, mariquitas, grillos o pájaros.

Métodos alternativos para la gestión de las malas hierbas
Las alternativas más conocidas para el control de la vegetación indeseada sin uso de herbicidas son los métodos mecánicos, manuales y térmicos que se utilizan ya ampliamente en otros países europeos por ser respetuosos con la salud de las personas y con el medio ambiente. Estos métodos no-químicos además tienen un mayor potencial en la generación de empleo.

Existen además herbicidas ’no sintéticos’ basados en distintos vinagres (ácido acético) o en hidroxifosfatos naturales, que se utilizan en agricultura ecológica por ser rápidamente biodegradables y no tienen efectos significativos sobre la salud y el medio ambiente.

Aunque los métodos anteriores son los más utilizados, no debemos perder de vista que el control de las malezas en el medio urbano no debe basarse sólo en la eliminación y siega de hierbas sino que además existen otras formas interesantes de gestión relacionadas con la jardinería ecológica tales como el diseño de cubiertas vegetales, el aprovechamiento de las cualidades alelopáticas de algunas plantas, las falsas siembras, los acolchados o las mallas antihierbas.

Cubiertas vegetales: El diseño de cubiertas vegetales consiste en establecer la vegetación de manera que responda a nuestras necesidades en cuanto a estética, visibilidad y seguridad y cuya presencia impida o dificulte el crecimiento de otras hierbas no deseadas. La cubierta vegetal puede establecerse a partir de un cultivo sembrado a propósito (por ejemplo, un césped) o a partir de la selección de especies espontáneas antes consideradas como malas hierbas.

Las aleopatías: La palabra alelopatía se utiliza para describir el efecto inhibidor o supresor que ejercen algunas plantas sobre las que nacen a su alrededor. Entre las especies más conocidas y usadas por su efecto alelopático para el control de malezas están el sorgo, la alfalfa, el centeno y los espárragos.

Falsas siembras : La falsa siembra pretende ’engañar’ a las hierbas provocando su germinación para eliminarlas a continuación de forma mecánica o térmica cuando se encuentran en estado de plántula. Consiste en preparar el lecho de siembra, regarlo a continuación para inducir la germinación de las semillas, que una vez nacidas se eliminarán con una escarda superficial.

Mallas antihierbas, mulching y gravas: Los acolchados o mulching consisten en la protección de la capa superficial del suelo mediante el uso de una cubierta inerte que puede ser orgánica o inorgánica. Estos materiales impiden que la luz llegue al suelo y que germinen las plantas.

Evitar la expansión de semillas indeseadas: Es importante que los estiércoles utilizados siempre bien compostados, ya que un buen proceso de compostaje elimina todas las semillas indeseadas. Otra precaución para evitar la expansión de semillas de hierbas indeseadas es el control de su presencia en semillas y plantones de las plantas que utilicemos.

Mejorar el suelo para evitar hierbas: Muchas malas hierbas aparecen como respuesta a problemas en la estructura del suelo: los suelos compactos, fríos, donde el agua circula mal suelen tener malas hierbas más difíciles de controlar. Por tanto, un buen manejo del suelo, mediante la incorporación de materia orgánica y evitando labores que compactan, traerá como consecuencia un manejo más sencillo de las malezas.

Más información: Propuesta de alternativas al uso del glifosato para la gestión de espacios públicos urbanos Propuesta de alternativas al uso del glifosato para la gestión de los espacios públicos urbanos.



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